Lance Armstrong se ha
quedado sin uno de sus mejores aliados en la defensa de su inocencia frente a
las acusaciones de dopaje. Nike anunció ayer que rompía el
contrato que les unía desde hacía 16 años debido a “las
evidencias aparentemente inapelables de que se dopó y de que engañó a la
empresa durante más de una década”. La ruptura del contrato podría costar a
Armstrong pérdidas que la revista Forbes ya ha cifrado en más de 50 millones de
dólares (38,1 millones de euros). Además, otros patrocinadores han seguido los
pasos de Nike y horas más tarde las marcas Trek, Anheuser-Bush y Honey Stinger
anunciaron el fin de su relación comercial con el exciclista.
La noticia se conoció horas antes de que el deportista anunciara
en un comunicado que abandonaba la presidencia de su fundación contra el cáncer
para evitar que las consecuencias del informe de la Agencia Antidopaje de
Estados Unidos (USADA), que acusa al tejano de estar en el
centro de un “sofisticado programa de dopaje”, salpiquen a la
institución. El ciclista constituyó Livestrong en 1997 y desde entonces se ha
convertido en una de las organizaciones benéficas más rentables, ajena, de
momento, a los escándalos que rodean a su fundador, que seguirá en su Junta
directiva.
El gigante deportivo no perdona la
deslealtad del heptacampeón del Tour, pero mantendrá el
patrocinio a su fundación porque “sus iniciativas fomentan la unidad, son un
ejemplo y un apoyo para los enfermos”, dice el comunicado. Desde que en 2004
Nike fabricara, en colaboración con Livestrong, la famosa pulsera amarilla
contra el cáncer, un hito en el marketing deportivo, ambas
entidades se han embolsado más de 80 millones de dólares (casi 61 millones de euros).
La empresa también fabrica para la organización una línea deportiva de 100
productos.
"La
marca mantendrá su ayuda a Lifestrong. La relación les ha reportado 80 millones" Nike
Las conclusiones de la USADA han sido decisivas en la decisión de
Nike. En los últimos años, cada vez que arreciaban los rumores del dopaje de
Armstrong, la compañía siempre salió en defensa de la honradez de su
patrocinado. La última vez en agosto, cuando aquel anunció que no se defendería
de las acusaciones de la USADA. Entonces, un portavoz de Nike aseguró: “Lance
ha declarado su inocencia y siempre se ha mantenido firme en esa postura. La
empresa continuará apoyando a Lance”. Apenas dos meses después, el fabricante
ha cambiado de opinión: “Nike no aprueba el uso ilegal de sustancias”.
La postura de Armstrong de no defenderse en los tribunales se
interpretó como una estrategia para mantener a sus patrocinadores: la ausencia
de una declaración del ciclista admitiendo su culpabilidad podía considerarse
una prueba de la limpieza que él siempre había defendido. Esta táctica le ha
funcionado, de momento, con Oakley y FRS.
El silencio no ha sido suficiente para Nike. Sus contratos suelen
incluir una “cláusula moral” cuyos efectos, en caso de incumplimiento, no están
claros. Cuando Kobe Bryant fue acusado de agresión
sexual, la compañía no rompió su acuerdo. Tampoco lo hizo con Tiger Woods,
tras hacerse públicas sus relaciones extramatrimoniales. Ni, en España, cuando
Marta Domínguez y Nuria Fernández se vieron arrastradas por la Operación Galgo.
Solo en una ocasión canceló el patrocinio de una de sus estrellas. Fue en 2007,
cuando el quarterback Michael Vick fue a la cárcel por su
implicación en peleas de perros, pero en julio de 2011 ambos volvieron a firmar
un nuevo contrato.
Nike tiene la
intención de borrar cualquier huella de su relación con Armstrong. La empresa
ya negó haber pagado al entonces presidente de la UCI, Hein Verbruggen, 500.000
dólares para ocultar un positivo del tejano, como aseguró la mujer de Greg
LeMond en una declaración jurada. La compañía ahora eliminará el nombre del
edificio Lance Armstrong Fitness Center, en Beaverton, Oregón. Por otra parte,
la Agencia Antidopaje española ha trasladado el informe de USADA a la Fiscalía
para que investigue si de él se desprende algún delito.
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