Leo Messi cita a los
periodistas a las nueve de la mañana en la ciudad deportiva del Barcelona y
llega con puntualidad extrema. El sol es tibio y el futbolista tiene tendencia
a enfriarse, así que los miembros del servicio de prensa del club acuden con un
jersey que rechaza: “Estoy bien”. A los 25 años, el argentino de Rosario espera
para dentro de un mes el nacimiento de su primer hijo, al que llamará Thiago, y
se le nota feliz. Más allá de la hora, no pone ninguna condición para la
entrevista. Amable, sonriente y dispuesto a explicarse, no hace concesiones en
sus respuestas, convencido de que comparecer ante los medios es una exigencia
prescindible o administrable.
Pregunta. Dicen que le gusta mucho dormir,
pero ha llegado a las 8.30. ¿Está preparándose para dormir poco con la llegada
de Thiago?
Respuesta. Siempre me gustó dormir, pero cada vez duermo menos. Me
gusta mucho la siesta, eso sí. Para la llegada de Thiago estoy muy preparado.
Me hace mucha ilusión.
P. Evidentemente, eso de la siesta lo aprendió
en Barcelona…
R. ¡Lo aprendí
todo acá! Llegué con 13 años, crecí aquí, fui al colegio… La mayoría de las
cosas las aprendí en Barcelona. Siempre dije que estoy muy agradecido porque lo
siento así.
P. ¿Tiene la sensación de haber devuelto al Barcelona con
creces lo que recibió de crío?
R. No, no sé…
Siempre quise mostrar mi compromiso con el club. Al principio, quizá se notaba
más. Ahora ya es algo común. Esta es mi casa, mi club. Le debo todo al Barça.
Y, siempre lo dije, soy feliz aquí.
P. ¿Qué demuestra el que el entrenador del
cadete en el que jugó y dos de aquellos niños formen ahora en el primer equipo?
R. Es un ejemplo
de cómo trabaja el Barcelona. Se sabía que aquel equipo era una de las mejores
generaciones del fútbol base. En el primero estamos tres jugadores [Piqué, Cesc
y él], pero otros muchos son profesionales, como Vázquez y Valiente, que han
jugado en España. Los hay que están en otros equipos, pero ya se sabía que la
mayoría llegaría, si no al primer equipo, al menos a ganarse la vida jugando al
fútbol en buenos clubes.
P. Afirma que no le
ocupa cuántos goles puede marcar, sino que prefiere los títulos. ¿Hay algo que
le preocupe especialmente?
R. Sí, prefiero ganar títulos
con el equipo antes que premios individuales o meter más goles que nadie. Me
preocupa más ser buena persona que ser el mejor futbolista del mundo. Además,
al final, cuando se termine todo esto, ¿qué te llevas? Mi intención es que,
cuando me retire, se me recuerde por ser buen tipo. Me gusta meter goles, pero
también tener amigos entre la gente con la que he jugado. Es bueno que te
valoren como persona, que tengan un buen concepto de ti más allá de meter
muchos goles.
P. ¿Tampoco le preocupará ganar el cuarto
Balón de Oro?
R. Los premios
están bien. Yo los agradezco, claro. Pero, en el fondo, eso les preocupa más a
ustedes, que siempre están preguntando si este es mejor que ese. ¿Xavi o
Iniesta? ¿Quién lo sabe? Mi suerte es haber caído en este Barça, en
el que hay grandísimos jugadores. Me lo ha dado todo: los premios, los títulos,
los goles, todo. Este es un equipo que ya entró en la historia por todo lo que
ganó. Tengo la suerte de jugar aquí y de hacerlo con Argentina, donde tengo
grandísimos futbolistas al lado. Eso es lo fundamental. A mí me hace mejor el
equipo, seguro. Sin la ayuda de los compañeros, no sería nada, no ganaría nada.
Ni títulos ni premios, nada.
P. ¿Qué le enfada?
R. Me da bronca
perder. ¿En la vida? En la vida, la pobreza. Vengo de un país donde se nota
mucho. Hay muchos chicos muy jóvenes que no les queda otra que salir a la calle
a pedir o a trabajar en lo que sea y de bien pequeños.
P. ¿Y la famosa burbuja donde viven los
futbolistas? ¿No son ajenos a estas cosas mundanas?
R. No. ¡Cómo vas a
ser ajeno! Somos unos privilegiados por lo que nos toca vivir. A mí no me faltó
nunca nada, más allá de que, cuando me quedé solo en Barcelona con mi papá,
añoré a mis hermanos y a mi madre, claro. Pero la realidad es muy diferente. A
muchos padres les cuesta sacar adelante a los niños… Lo sé.
P. Va a ser padre. ¿Eso ha cambiado su enfoque
de las cosas?
R. Sí, te lo
planteas todo de otra manera. Ya no piensas en ti mismo. Piensas en él, en que
no tenga ningún tipo de problema nunca, de nada. Sí cambia, claro que cambia la
idea de las cosas.
P. Hablando de cambiar, ¿ha practicado ya lo de
los pañales?
R. Ya pasé por eso
con mis sobrinos. Se me da rebién.
R. Nos centramos
en la educación de los chicos, en tratar de sacarlos de la calle a través de la
enseñanza y el deporte. Trabajamos con Unicef, hospitales, escuelas... Es lindo
poder ayudar.
P. Pocas veces su cara se ilumina como cuando
se le acercan niños a saludarle. ¿Qué le dan?
R. Los niños son
lo más sano que hay, máxime cuando son pequeños y no tienen malicia. Te ven y
se transforman. A algunos les da vergüenza. No hablan, no entienden que esté
allí y les hablé porque solo te ven por la tele y, cuando te tienen delante,
casi se asustan. Hacer feliz a un niño es lo que más me llena.
R. No porque en
ningún momento actúo. Soy como soy dentro y fuera de la cancha. Por eso no me
preocupa que me miren porque sigo siendo yo mismo. Soy yo siempre. Hace mucho
que empecé a ser conocido y ya se te pasa la vergüenza del principio.
P. Dijo un día que en el campo le parece más
difícil jugar como Iniesta o como Xavi que lo que usted hace. ¿Lo suyo es
fácil?
R. Yo hago lo que
puedo para ayudar al equipo y no sabría hacer lo que hacen ellos. Yo solo
intento ayudar al equipo, siempre. No me gusta perder a nada y trato de ser una
ayuda para ganar. Siempre lo digo: salgo al campo pensando en ganar, no en
meter muchos goles.
P. ¿Su manera de jugar se trabaja, se entrena?
R. No creo, no sé…
Ya de chiquito jugaba de esta manera…
P. Eso sostiene Tito Vilanova.
R. ¿Qué dice?
P. Dice que, para su propia sorpresa, hace usted lo mismo
que hacía cuando era niño, pero entre los mejores del mundo, no entre chavales
de 14 años.
R. Mi manera de
jugar no cambió mucho, es verdad, aunque obviamente aprendí muchas cosas sobre
el juego. Me ayudó venir al Barcelona y trabajar de la manera en la que se
cuida a la cantera. Justamente ayer estaba mirando chicos de siete años a
nuestro lado, entrenándose, y la forma en la que se les enseña es distinta a
cualquier parte del mundo. De chiquito, te enseñan a jugar a la pelota,
cuidarla, lo táctico, a entender el juego. ¡Y ya de chiquitos juegan igual que
nosotros! No deja de sorprenderme.
P. Dicen que, cuando supo
que Tito sería el sustituto de Pep Guardiola, se limitó a sonreír,
pero esa sonrisa tranquilizó a todo el club.
R. Sí, es posible
que sonriera porque me dejó bien la noticia de que Tito fuera el sustituto de
Pep. Le conozco desde niño y llevábamos cinco años con él y con Pep. Me parecía
que lo podía hacer muy bien. Miren, Tito fue el primero que me puso a jugar
porque hasta ese momento era suplente o ni jugaba y fue él quien me hizo más o
menos titular en aquella categoría [cadete]. Le conozco. Es una persona normal,
abierta. Va de frente, dice las cosas a la cara sin problema. Eso me gusta.
P. Alguna bronca les cayó de cadetes, según
cuentan…
R. ¡No me acuerdo!
[se ríe]. Seguramente alguna cayó porque era un grupo con muy buena gente, pero
¡peligrosos!
P. ¿Recuerda su primer partido en la cantera
del Barcelona?
R. No, pero
recuerdo que al poco me lesioné en la tibia.
P. ¿Es verdad que Piqué le defendía cuando le
daban patadas?
R. Sí. Ya era el
más grandote y todos éramos más chiquitos. Papá nos defendía a
todos.
P. ¿Se han puesto ustedes de acuerdo con lo de
la paternidad para acompañarse al parque?
R. ¡No! Ha sido
casualidad. Nos ha llegado a la vez a todos [Piqué, Pedro, Villa y Valdés
también serán padres]. Es un síntoma de que nos hacemos mayores y tenemos más
responsabilidad. Una responsabilidad muy linda.
P. Si no parece conformarse nunca con un gol,
es de prever que tendrá familia numerosa, ¿no? ¿Va a por un triplete?
R. No, no sé... Si
vienen muchos, mejor. ¡Los que vengan!
P. Una de las cosas que más sorprenden es lo
difícil que resulta tirarle y usted tampoco se tira.
R. Eso también es
de chiquito. Siempre fue así. Siempre intenté terminar la jugada. No sé...
Nunca fui de tirarme, no lo busqué.
P. Cuentan en el fútbol
base que es el único jugador al que nunca le corrigieron y siempre respetaron
sus características.
R. Alguna vez me
corregirían, pero no lo recuerdo. Me respetaron la manera de jugar, aunque es
verdad que aquí la filosofía es parar y tocar de primera. Pero… ¡Yo no se la
daba a nadie! Muchas veces me dijeron de largarla antes hasta que se dieron
cuenta de que no me salía y me dejaron. Pero es verdad que, poco a poco, empecé
a pasarla más. Pero cuando llegué… ¡No se la daba a nadie!
P. ¿Habla mucho en el campo?
R. No, no hablo
mucho [se ríe].
P. Sus rivales y los árbitros no estarán muy
de acuerdo...
R. ¡Ah! Con los
árbitros y los rivales hablo más. Con los compañeros no es preciso. Hace tanto
que jugamos juntos que nos entendemos con solo una mirada.
P. Ya. ¿Y la bronca con Villa? ¿No era un vestuario idílico?
R. Ya dije que no
busquen problemas donde no los hay, que miren a otro lado. Aquí no hay nada. Es
un vestuario que funciona más allá de lo deportivo, espectacular. Hace tiempo
que estamos juntos, pero resulta que el nivel humano de la gente es muy grande.
No sabe nadie lo bien que lo pasamos. Y tras tantos años no es fácil.
R. No, lo mejor de
este equipo es que vamos a buscar los partidos sea donde sea y de la misma
manera desde hace cinco años; que tenemos la pelota casi todos ellos, que es
nuestra. Y, por encima de todo, lo mejor de este equipo es la ambición y las
ganas que tiene de seguir consiguiendo cosas. Después de todo lo ganado,
pierdes un partido en los entrenamientos y te calientas. Eso es lo mejor:
nuestra ambición.
P. ¿Ese camino lo marcó Pep?
R. Sí, Pep marcó
el camino y en él seguimos. Él fue quien nos hizo jugar con las ganas de llevar
la iniciativa, de ir siempre a por el gol. Nos dio la actitud, el
convencimiento de que íbamos a ganar. Fue espectacular. Más allá de lo que sabe
como técnico, de que era un fenómeno por cómo analizaba los partidos y los
preparaba. No creo que vaya a ver otro entrenador como él.
P. Rijkaard fue
el primero. ¿Ya se le pasó el enfado por no jugar la final de París?
R. Le debo todo prácticamente. Fue él quien confió en mí, quien
me hizo debutar de chico, quien me supo llevar en todo momento. Supo dejarme
fuera y, aunque no me gustaba ni sabía por qué, luego le entendí. Gracias a él
vino todo lo que vino después.
R. Fue
espectacular. Empatábamos sobre la hora, pero nos servía porque íbamos los
primeros y por cómo llegó… Luego hubo otros goles, pero, sí, aquellos son inolvidables,
claro.
P. ¿Cuál es el partido contra el Madrid que
más recuerda?
R. Recuerdo todos
los que ganamos. Es lo más lindo, ganar al Madrid, por la trascendencia. Es un
equipo buenísimo. Quizá me quede con la semifinal de la Champions allá,
por lo que significaba.
P. Y, al parecer, meter goles a Casillas. ¿Le
cae mal o qué?
R. No, al
contrario. Tuve suerte y en los últimos clásicos pude marcar. Ojalá siga así.
Iker es un grandísimo arquero, uno de los mejores. Le he metido goles, pero me
ha parado muchas, muchas. Es muy bueno, muy rápido.
P. ¿Los partidos con el Madrid de Mourinho son
especialmente duros?
R. Cada partido es
diferente. Todos son duros. Contra el Madrid, por lo que significa, por la
capacidad de sus jugadores, se hace más duro, pero ya todos son duros. Al
Granada hasta el minuto 85 no pudimos hacerle un gol, contra el Spartak casi
perdemos. Es cada vez más difícil. Queremos atacar y nos cierran atrás todo lo
que pueden... Venimos jugando así hace tiempo. Los rivales lo saben y nos
buscan el punto flaco. Si tienen suerte y cogen una contra buena, igual Valdés
no consigue pararla y con muy poco te complican la vida. Y cada vez va a ser
peor, más complicado.
P. ¿Qué admira del Madrid?
R. Me gusta mucho
jugar en el Bernabéu. Es un gran club con una gran historia.
P. ¿Del equipo de Mourinho?
R. El Madrid, a la
contra, te mata. Tiene delanteros rapidísimos y la conexión defensa-ataque dura
cinco segundos y es gol. No le hace falta jugar bien para meter tres goles.
Tiene muchas situaciones por sus jugadores, que son muy buenos. Yo tengo la
suerte de conocer bien a Higuaín y Di María. El Pipa no aparece, toca dos
pelotas y te hace dos goles. De la nada el Madrid te hace un gol.
P. ¿Qué piensa de Mourinho?
R. No puedo
hablar. No le conozco, no hablé nunca con él. Solo puedo hablar de lo que
consiguió, que es mucho, muchos títulos. Sé que sus jugadores hablan bien de
él, pero no le conozco.
P. Mourinho dice que el fútbol del Barça
aburre y que el de la selección española es defensivo.
R. ¿Sí?
P. Eso dijo en la reunión de entrenadores de
la UEFA: “Juegan cuatro defensas y seis centrocampistas. No es un fútbol
ofensivo. Cansa y aburre a la gente”.
R. España juega
casi igual que nosotros. A esos no le puedes quitar la pelota. Y para un
jugador es buenísimo si es que juegas con ellos. Jugué contra España y corrí
detrás de la pelota sin poder agarrarla. Me pasó en Madrid, en Murcia… En
Argentina fue otra cosa. Pero nunca corrí tanto sin tener el balón como cuando
jugué contra España.
P. ¿En qué punto se halla la selección
argentina?
R. Sabella tiene
las cosas claras, sabe qué quiere y lo transmite. Ha llegado gente nueva y creo
que estamos en el buen camino.
P. ¿Su sueño es ganar el Mundial de Brasil
dentro de dos años?
R. Me encantaría
hacerlo realidad por lo que significaría para Argentina y para mí.
R. ¡Uy, no sé!
Siempre dije que me gustaría jugar en Argentina por lo que significa, por cómo
se vive, porque era mi sueño de chiquito debutar en la Primera hasta que me
vine acá. Eso me quedó pendiente, pero, no sé, falta tanto.
P. ¿Hay algo que le haya gustado del fútbol
últimamente?
R. Ver entrenarse
a los chicos de la cantera. Me sorprende verles, cómo trabaja el Barça. Tan
chiquitos y juegan de esa manera... Uno va a otros lados y no lo hacen, solo
acá. Por eso me quedo viendo a los niños, me gusta.
P. Un periodista italiano dijo después de entrevistarle
que se sentía igual que los defensas que le marcan: “Tú lo preparas todo,
procuras saber por dónde irá, qué hará, te sientes preparado y, al final,
siempre se te escapa”.
R. Y se fue pensando
“¡no le saqué nada!” [se ríe]. No, yo siempre digo lo que pienso, pero no
siento ninguna necesidad de meterme en líos. No me interesa buscar conflictos
ni problemas. No es mi idea ni mi estilo de ser. No le veo sentido a hablar mal
de gente que no conoces de nada, que solo has visto jugar. Prefiero ser
respetuoso con los demás, solo eso. Y ustedes lo intentan, eh... Pero yo en eso
no quiero entrar.
P. ¿Tiene usted cosquillas?
R. No, no tengo
cosquillas.
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