Hace unos minutos que se ha confirmado
oficialmente que el Rayo-Real Madrid se jugará, si no hay otro lamentable
incidente de por medio, en unas 19 horas. Hasta hace un rato, los portavoces de
la propia LFP transmitían mensajes y horarios diferentes. Un sainete
vergonzoso. Eso sí, para sentir vergüenza, propia o ajena, es necesario tener
un criterio, exigencia y respeto por tu trabajo e imagen. Cada vez dudo más que
en este país muchas personas relevantes, de esas que deberían ser referencia,
estén comprometidos con su trabajo y no puedan dormir sabiendo que están
destrozando algo importante para muchas personas.
Uno pensaba que estaría
aquí explicando las razones por las cuales José Mourinho apostó, como era
lógico, por alinear a Ramos de titular tras castigarle días antes en el partido
más importante del año. No voy a hablar de Varane, que en el estadio me pareció
algo nervioso en su debut en partido oficial en la 12-13, porque lo pida
Mourinho. Y es que, considero que la prensa debe elaborar sus informaciones
lejos de los intereses de un entrenador, presidente, deportista o entidad. Por
muy poderosa que sea.
Tengo que esperar unas
horas para saber si, como decía Alkorta, una bronca en la caseta de Sevilla
ayudará al Madrid a espabilar, como sucedió al Real Madrid
con aquella famosa de Lleida. Todo porque hubo un sabotaje a la imagen de la
Liga. Sucedió en Vallecas, pero pudo haberse producido en otro cualquier lugar.
No fue cuestión de estadio humilde, porque el equipo que visitaba el barrio
madrileño fue el hazmerreír en Europa hace años cuando unos descerebrados
tiraron una portería abajo. ¿Por cierto, cómo se corta un cable
sin quedar carbonizado? Parece cosa de CSI.
La imagen del sabotaje
sufrido en los armarios de transformadores del Estadio de Vallecas. pic.twitter.com/zsG5wT88
La imagen que transmite
la Liga es lamentable. Lo hace el mismo día que dos grandes ingleses se miden
en un partido espectacular, en el que ambas aficiones se respetan en el
homenaje a unas víctimas. Aquí quizá hay más nivel, porque tenemos unos
jugadores espectaculares ya que España es envidiada por la calidad de sus
futbolistas, pero situaciones así, el estado
económico de las entidades o el constante sainete de
horarios dicen muy poco a favor de nuestra capacidad organizativa. Si las cosas
se hacen bien, es justo mencionarlo. Si se hacen mal, también.
Lo que no soporto es menospreciar el trabajo
ajeno… solo por eso, por no ser propio. Es muy de este siglo mirarnos al
ombligo. Pensar que lo nuestro es lo mejor, y el resto no es bueno. En los últimos
años se ha convertido en moda la negación del trabajo ajeno en el periodismo.
Si es bueno, no se cita. Y en el caso de hacerlo, sólo para menospreciarlo. En
todos estos años, aprendí que si algo era tan relevante para concederle
importancia en mi medio, lo primero era citar y luego buscar la manera de
continuar esa historia brillante que otro compañero destapó hasta el punto de
centrar mi atención. Ahora se lleva despreciar a otros compañeros y su trabajo.
Cuando todo el mundo se esfuerza en un bien común, el colectivo se hace más
fuerte. Intentar hacer la guerra cada uno por cuenta debilita al grupo.
Eso mismo pasó en el
Mundial de ciclismo. Valverde se llevó un bronce, pero la sensación (al igual
que pasara en los Juegos Olímpicos) fue que España perdió mucho más que una
medalla de otro metal. No voy a entrar
en repartir culpas. Me quedo con la pena de no ver
corriendo otro año a Óscar Freire con un maillot arcoiris. Un ciclista extraordinario, peor
valorado por sus paisanos que lejos de nuestras fronteras.
Por desgracia, eso
también parece ir ligado al ADN del país. Quizá deberíamos reflexionar y pensar
en lo que estamos haciendo. Es más fácil decir que ‘este circo está montado
así’ que esforzarse por remediarlo. Mejor quejarse, pensar en teorías
conspiratorias y poner paños calientes, que luchar por cambiarlo. Sí se puede
cambiar. Y hacerlo en poco tiempo. En eso sí le doy la razón a Guardiola. “ Hace muchos años era impensable
que España ganara un Mundial y que ganara dos Eurocopas seguidas”.
Querer es poder. Y ahora se necesita querer. Con urgencia además.
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