José Mourinho destapó la Caja de Pandora en la rueda de
prensa después de perder ante el Sevilla. Lo hizo llamando la atención a la
opinión de pública de que no tenía un vestuario profesional y solidario. Sin
embargo, mientras él hablaba, sus hombres también lo hacían, a viva voz, en los
vestuarios del club nervionense. Directivos que bajaron a felicitar a los
suyos, integrantes de la plantilla sevillista y operarios del club vivieron 'in
situ' comentarios que traspasaron las paredes. Para algunos fue sorpresa lo que
se escuchó, pero otros ya sabían de qué iba la historia.
Mourinho: «No sois
capaces de dar la cara por mí"
Nada más volver del césped, con los jugadores madridistas
cabizbajos, Mourinho lanzó su primera 'bomba': «Yo voy a ir a rueda de prensa.
No voy a enviar a nadie. Ya que vosotros no sois capaces de dar la cara por mí
en el campo, me defenderé yo solo". Aquellas simples frases hicieron que
los capitanes tomaran el mando una vez se marchó el técnico. En los ocho
minutos que transcurrieron desde que el portugués pegó un portazo, dio su rueda
de prensa y volvió, Casillas, Sergio Ramos y otros compañeros decidieron
hablar.
«¡Somos el Madrid,
hostias!», proclamó Casillas
Primero fue el portero quien quiso quitar hierro a las
palabras del entrenador, intentando serenar el ambiente dando ánimos. «Venga
chavales, qué nos pasa», dijo con tono conciliador. Continuó pidiendo «un poco
más» a sus compañeros para finalizar con una arenga final: «¡Somos el Madrid,
hostias!». No encontraron eco sus palabras, hasta que Higuaín decidió dar un
paso al frente: «Todos sabemos lo que nos pasa, que nos falta el aire. No
podemos respirar».
Higuaín: «Todos
sabemos lo que nos pasa, nos falta aire»
El argentino provocó la reacción súbita de Sergio Ramos,
quien se encontraba lejos de sus dos compañeros, con los 'fisios', pero no pudo
contenerse. Con gritos que sorprendieron hasta en el vestuario local, el
sevillano dijo lo que muchos, entre ellos Mourinho, callaban. «Lo que hay que
hacer es tener más intensidad. Se juega como se entrena», aseveró el defensa
con un tono que ascendía a medida que continuaba.
Sergio Ramos: «Xabi
corre por cuatro de vosotros, que no hacéis nada»
El camero es uno de los que más ha criticado en privado la
pretemporada del Real Madrid. Allá en Los Ángeles, Ramos considera que hicieron
«de todo, menos lo que había que hacer», que era prepararse. Tras acabar el
encuentro en la capital hispalense admitió a un amigo que la mayoría estaban
«fritos» físicamente. Aquello se lo recordó a Higuaín, pero señalando a otros
muchos. «Lo que no puede ser es que gente como Xabi (Alonso) no pueda con su
cuerpo porque tenga que correr y jugar por cuatro de vosotros, que no hacéis
nada».
Cuando dijo estas palabras llegó 'Mou' y logró sofocar el
incendio que él mismo había provocado. «Ya hablaremos el miércoles, tras la
'Champions'», zanjó el tema. El madridista solo quería que los suyos se
concentraran en ganarle al Manchester City. No dijo nada de lo que había
hablado hace escasos segundos ante la prensa, pero sí avisó de que todo no iba
a acabar ahí y que habría que decirse «muchas cosas a la cara».
Cristiano,
indiferente
Tras la tempestad llegó la calma. Ya no hubo gritos, aunque
sí conversaciones más templadas, que nadie escuchó fuera de las cuatro paredes
del vestuario visitante. Decidieron quién hablaría con los periodistas y
algunos, como Marcelo, se ofreció voluntario.
Al mismo tiempo que se producía la tregua, se establecía
otra cuestión inquietante: el silencio de Cristiano Ronaldo. Calló en toda la
bronca de Sergio Ramos, no dio ánimos acompañando a Casillas y tampoco decidió
hablar. Ni triste, ni alegre, simplemente indiferente. Porque ese es el motivo
del abatimiento de la estrella merengue. No es el líder, ni para lo bueno ni
para lo malo.
Eso es lo que piensan los españoles del Real Madrid, quienes
cada día tienen más claro que Cristiano quiso ocupar el puesto de altavoz de
los suyos, pero no le han dejado. No es él quien da ánimos en los momentos
malos, ni arenga con el espíritu madridista, ni tampoco señala a aquellos que
no van en el mismo rumbo. Se siente perdido.
Para terminar una noche negra, Aitor Karanka tuvo que llamar
la atención a Higuaín y Benzema antes de que se fueran camino del autobús.
Ambos salían por los pasillos del Sánchez Pizjuán riendo, como si nada hubiera
pasado. «Cada uno por separado, en silencio y callados», les obligó el segundo
de a bordo, «o bien se cebará con nosotros todo el mundo», matizó. Así lo
hicieron. Por su parte, Cristiano los miró, suspiró y decidió refugiarse en sí
mismo.
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